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Ciencia y Tecnología

El Ritual de los 13 Disquetes: Así Instalábamos la Magia de Windows 95

Windows 95

Hoy, la tecnología es casi invisible. Queremos un programa y aparece. Hacemos clic en “Descargar” y, gracias a la magia del Wi-Fi y la fibra óptica, gigabytes y gigabytes de datos llueven en nuestro disco duro en minutos. Es fácil. Es instantáneo. Y, seamos honestos, es un poco aburrido.

Ahora, súbete a nuestra máquina del tiempo Geek y viajemos a 1995.

Acabas de gastar una fortuna en tu nueva computadora “Multimedia” con un procesador Pentium rugiendo por dentro. Y, lo más importante, tienes la caja. La flamante caja azul de Windows 95.

La emoción es real. Este es el sistema operativo que lo cambia todo. ¡Tiene un “Menú Inicio”! ¡Tiene multitarea real! ¡Va a hacer que tu PC por fin sea fácil de usar!

Abres la caja con ese olor a manual nuevo y plástico. No hay un link de descarga. No hay un pendrive USB (eso ni siquiera existe todavía). Lo que encuentras es una torre. Una pequeña torre de trece disquetes de 3.5 pulgadas, numerados meticulosamente.

Y aquí es donde empezaba el ritual.

Metías el “Disco 1 de 13” en la ranura. La computadora cobraba vida y la disquetera empezaba su concierto.

Ese sonido. Ese glorioso ruido mecánico. El “clack” de la palanca al bajar, seguido del “grrr… chk-chk… grrr-vrrrr” del cabezal leyendo los datos. Era la banda sonora de la paciencia.

Te sentabas a mirar cómo una barra de progreso azul avanzaba dolorosamente lento por la pantalla. Y justo cuando te estabas quedando dormido… ¡Mensaje!

“Por favor, inserte el Disco 2 de 13”.

Sacabas el primero, lo guardabas con cuidado en su caja, buscabas el segundo y para adentro. “Grrr… chk-chk… vrrrr”.

Y así, una y otra vez. Trece veces. No podías irte a tomar un café. Tenías que estar ahí, atento, listo para ser el DJ de la instalación.

Hagamos la matemática Geek por un segundo. Cada uno de esos disquetes tenía una capacidad máxima de 1.44 Megabytes. ¡Un Megabyte! Hoy, una sola foto que tomas con tu celular en alta calidad pesa tres, cuatro o cinco veces más que eso.

Pero en esa pila de trece pequeños cuadrados de plástico, que sumaban apenas unos 18 MB, venía una revolución completa. Venía el sonido de inicio de Brian Eno, venía el Buscaminas, venía la era de Internet (bueno, casi).

Hoy, son reliquias. Pero para cualquiera que lo haya vivido, ese ritual de los trece disquetes no fue una molestia. Fue el rito de iniciación para entrar en el futuro.


¡Tu Turno!

¿Llegaste a vivir este ritual? ¿Cuál es tu “historia de guerra” tecnológica de esa época? ¿Llegaste a tener un disquete que fallara en el número 11 y te obligara a empezar todo de nuevo?

¡Queremos leer esas batallas en los comentarios!

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